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At the age of eight, Emilia Castañeda was forced to leave her home in Boyle Heights. Born in 1926 in Los Angeles, Castañeda became one of the many US citizens to be “repatriated” to Mexico during the 1930s. During the Depression, her father Natividad had difficulty finding employment because Anglos were prioritized for jobs, and Natividad was pressured to return to Mexico. Not wanting to become a “ward of the state,” Emilia accompanied her father to Mexico. Emilia recalled her experiences, “After my mother died, I guess my dad was pretty sad.  Here he was left with a family, no wife, no work, and living off of welfare.  He had a trade and could work, if the work was available.  Maybe he thought he should go back to his country.”

 

In Mexico, Emilia’s life was difficult, as she was forced to work hard and often suffered abuse.  “This family that we lived with had six children, three girls, then three boys. The oldest boy used to call me repatriada. I don’t think I felt that I was a repatriada because I was an American citizen. Maybe we were repatriados.”  Unlike many US citizens forced to Mexico who never came back, Emilia fought to return to Los Angeles in 1944.  “Well, I don’t like [this whole idea of repatriation].  I don’t think I’ll ever like it, not after the way I was made to suffer.  I feel that this country should have done something for its citizens instead of getting rid of them the way they did.”

A la edad de ocho años, Emilia Castañeda fue obligada a abandonar su casa en Boyle Heights. Castañeda, nacida en Los Ángeles en 1926, pasó a ser en una de muchos ciudadanos estadounidenses que fueron “repatriados” a México durante los años treinta. Durante la Depresión, su Padre Natividad enfrento dificultades consiguiendo empleo porque a los ciudadanos Americanos blancos se les otorgó prioridad de trabajo, y Natividad fue presionado a regresar a México. Emilia acompañó a su padre a México para evitar ser declarada dependiente del estado. Emilia recordó sus experiencias: “Después que murió mi madre, supongo que mi papá estaba muy triste. Aquí se quedó con una familia, sin esposa, sin trabajo, y viviendo de la asistencia pública. El tenía un oficio y podía trabajar, si hubiera trabajo disponible. Tal vez pensó que debía volver a su país.”

 

En México, la vida de Emilia fue difícil, ya que se vio obligada a trabajar duro y con frecuencia sufría de abusos. “La familia con la que vivimos tenía seis hijos, tres niñas y tres niños. El hijo mayor me llamaba repatriada. No creo que sentí que era una repatriada porque era ciudadana Americana. Quizá sí éramos repatriados.” A diferencia de muchos ciudadanos Estadounidenses que fueron expulsados a México que nunca regresarían, Emilia luchó por regresar a Los Ángeles en 1944. “Bueno, no me gusta [esta idea de la repatriación]. No creo que jamás me guste, no después de la forma en que me hicieron sufrir. Creo que este país debió hacer algo por sus ciudadanos en lugar de deshacerse de ellos en la manera que lo hicieron.”

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